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De Niebla para Niebla


El guitarrista Eduardo Niebla publica el disco "Las olas de Niebla", dedicado a su hermano, el pintor Josep Niebla, en un momento especialmente difícil para el artista.

Los Niebla son una familia de artistas muy conocida a Girona, donde llegaron en los años sesenta procedentes de Tetuán y Tánger, al norte del Marruecos. Allá nació el 1945 Josep Niebla, artista plástico de larga trayectoria, y diez años después lo hizo Eduardo Niebla , guitarrista que en los años setenta formó parte del principal grupo gerundense de rock progresivo, Atila, antes de marchar a Inglaterra con solo 21 años. Allá se estableció, primero en Londres y ahora a North Yorkshire, en el norte del país, y desde el Reino Unido ha desarrollado una extensa carrera musical que lo ha llevado por todo el mundo.

Este mes, Eduardo Niebla publica un nuevo disco, Las olas de Niebla (LMR Recuerdos). El disco y especialmente el tema que lo abre y da título está dedicado a su hermano Josep y hace referencia a las oleadas que a menudo protagonizan sus cuadros. A los 73 años, Josep Niebla vive un momento difícil: tiene Alzheimer y está ingresado en una residencia. “Es una lástima que un creador de su potencial se encuentre en esta situación. En Josep es un gran artista, con un sentimiento muy especial y una humanidad siempre presente, que yo también busco en mi trabajo. Con él también compartimos una visceralidad que intentamos mantener en equilibrio con la parte intelectual”, explica Eduardo, que estos días está de visita por tierras gerundenses, donde no es nada fácil verlo en concierto, como tampoco al resto del país.
A su agenda más inmediata hay unos cuántos conciertos previstos en el Reino Unido, pero este guitarrista –que ya hace años que cambió la guitarra eléctrica por la española y la clásica– ha llevado su música transfronteriza en India, Suráfrica y los países árabes.

“El mundo es grande y hay muchas cosas para descubrir, también adentro de tú mismo. Vas avanzando, te vas equivocando y así vas aprendiendo. Tanto en la música como en la vida, busco la pureza y la sencillez, pero sin perder nunca el espíritu de aventura y las ganas de ir a lugares donde no he sido nunca antes”, dice este músico inquieto, que en su nuevo disco, básicamente instrumental con algunas aportaciones corales, ha creado una personal amalgama de sonoridades mediterráneas, aires flamencos y otros ingredientes.

En la grabación también toca la batería su hermano Salvador Niebla, suena el bansuri del flautista sudafricano Deepak Ramo y tienen un peso importando las cuerdas: Natalia Lomeiko (violín), Alexei Sarkissov (violonchelo), Karenza Peacock (violín) y el Pavão String Cuarteto, Deb Sankar (violín) y Sophie Renshaw (viola), que toca a Virginia Renshaw, el tema que Eduardo Niebla ha dedicado póstumamente a su madre, una buena amiga. Brisa mediterránea, Viento triste, Spring Dance y Canción de cuna son otras muestras de la evocadora música que contiene Las olas de Niebla. También se sienten en el disco las voces de Prima Vocal Ensemble, Queen Mary’s School Choir y Ackworth School Choir.

“Me gustaría tocar en Cataluña con cuartetos de cuerda y coros locales”, dice Niebla, por si algún programador capta la indirecta y el puerta a tocar en casa después de tantos años.

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